ARTICULO: DONACIÓN DE ESPERMA E INSEMINACIÓN ARTIFICIAL

Según el Dr. Alfredo Góngora, especialista en técnicas de reproducción asistida la tasa de éxito es de 20% por cada inseminación y la acumulada es de 56% cuando se practica un promedio de seis inseminaciones. La baja tasa se debe a que la mayor parte de las variables no se controlan, como o ejemplo si la mujer verdaderamente está ovulando, si el óvulo que se liberó es de buena calidad y se metió en la trompa, o si el esperma inyectado entró, efectivamente, en el óvulo

Aunque legalmente está prohibido que los donadores reciban un pago “comercial”, lo que motiva a este grupo de hombres, que en promedio son muchachos que tienen entre 21 y 28 años, es el dinero. De hecho, la práctica común en la mayoría de los países es que los donadores obtengan, de una u otra manera, una recompensa económica.

Mediante una entrevista inicial se excluye a los individuos que caen dentro de cualquier grupo considerado como de alto riesgo, como los usuarios de drogas, homosexuales, bisexuales y portadores de tatuajes entre otros, así como a los que vía exploración médica y perfil psicológico no son evaluados como completamente sanos física y psíquicamente, o bien, tienen antecedentes familiares de enfermedades hereditarias como diabetes, asma, hipertensión arterial y epilepsia, o de anomalías congénitas. “También se descarta a sujetos que tengan problemas de visión o de acné, o que a juicio de las autoridades del banco sean demasiado feos o que su perfil psicológico no corresponda con sus lineamientos”, señala Góngora, director del Centro de Fertilidad Humana.

Sin embargo, estos no son los únicos filtros que los donadores deben pasar, pues también se someten a una estricta evaluación de laboratorio que incluye Rh, analítica sanguínea y estudios especializados, tanto en sangre como en semen, para descartar padecimientos infecto contagiosos como rubéola, toxoplasmosis, hepatitis B y C, sífilis, VIH y otras enfermedades de transmisión sexual.

Por otro lado, se analiza genéticamente al donador mediante una investigación de cariotipo para descartar anomalías cromosómicas y, finalmente, se practican pruebas espermáticas para medir la cantidad y movilidad, así como espermocultivos.

Si supera todos estos obstáculos, el donador puede entrar al programa de donación, que consiste en colaborar con muestras por lo menos durante medio año, haciendo visitas regulares dos o tres veces por semana.

El semen será congelado y almacenado durante seis meses, al cabo de los cuales se repetirán las pruebas para detectar enfermedades infecto-contagiosas, y si los resultados son negativos, las muestras estarán listas para usarse. En todo este proceso los bancos de esperma invierten alrededor de 22 mil pesos, tanto en análisis de laboratorio como en los procesos tecnológicos necesarios para su almacenaje y posterior utilización.

En algunos bancos, las receptoras pueden obtener información exhaustiva sobre la historia médica y psicológica del donador, y hasta una fotografía del sujeto cuando niño, para así elegir la muestra. Sin embargo, en la mayoría sólo se obtienen datos básicos como el grupo racial al que pertenece, estatura, peso, complexión, color de pelo y ojos, tipo sanguíneo, grado de escolaridad, profesión, perfil de enfermedades familiares, características, características de personalidad y aficiones.

Los bancos de esperma tienen muestras de semen internacionales, ya sea porque en el programa de donadores se registraron extranjeros o porque la institución compró a un banco extranjero. Para realizar esta importación es necesario seguir estrictos controles sanitarios, tanto en el país de procedencia como en el que recibe las muestras.

Una vez formalizada la donación mediante la firma de un documento legal, los donadores pierden totalmente sus derechos de paternidad y no reciben ningún tipo de información sobre las receptoras.

SOLUCIÓN

En principio, la inseminación artificial surgió como una técnica para ayudar a parejas para las cuales la concepción resulta imposible por condiciones asociadas con la esterilidad masculina, como la incapacidad para producir esperma (azoospermia) o alteraciones graves en el número, movilidad y morfología espermática, ocasionadas por herencia genética, por tratamientos con radioterapia o quimioterapia, o por otro tipo de padecimientos de los testículos, así como por presencia de enfermedades genéticamente transmisibles por el varón.

Ahora también un recurso para mujeres que han decidido pasar solas por el proceso de embarazo, nacimiento y crianza, o por lo menos, sin la pareja masculina que normalmente se espera.

Aunque no existen estadísticas oficiales al respecto, si extrapolamos los datos obtenidos de la reproducción asistida con más clientela en la ciudad de México, podríamos decir que 23% de las pacientes que utilizan alguna técnica de reproducción asistida son mujeres solteras o en pareja del mismo sexo.


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